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GOBERNABILIDAD
Y GOBIERNO MUNDIAL
JORGE
HORACIO GENTILE (*)
Ha dicho Santiago
Kovadloff que “Mediante su ataque a Irak, los Estados Unidos han
dejado claramente establecido que los intereses hegemónicos de un
imperio no pueden verse jamás supeditados a los ideales de
convivencia que inspiraron la creación de las Naciones
Unidas.(...) Las Naciones Unidas se han convertido, pues, en una
entidad espectral. Su descomposición, ya lo sabemos, se inició
hace tiempo. Su destino, al parecer, difícilmente será otro que
el corrido por su extinta hermana mayor, la Sociedad de las
Naciones.”[1]
Estas
preocupaciones; sumada a las limitadas posibilidades que tienen
los estados -en la era de la globalización- para conseguir el
bien común de sus respectivas sociedades políticas, de los demás
organismos internacionales para controlar y regular el proceso
globalizador, la posición del gobierno de los Estados Unidos de
América de pretender intervenir en cualquier parte del mundo
-cuando sus intereses esten afectados-, las dificultades que hay
en muchas partes del planeta para que se respeten los derechos
humanos y se mantenga la paz, nos lleva a plantear el problema de
la gobernabilidad del mundo y a replantear la vieja idea del
establecimiento un gobierno mundial.
Esta doctrina, en
forma germinal, ya estaba presente –en el siglo XVI-, en
el pensamiento de Francisco de Vitoria quién hablaba “la
autoridad de todo el orbe”. [2]
En 1795, Immanuel
Kant, escribe en “Sobre la paz perpetua” que: “Los estados
con relaciones recíprocas entre sí no tienen otro medio, según
la razón, para salir de la situación sin leyes, que conduce a la
guerra, que el de consentir leyes públicas coactivas, de la misma
manera que los individuos entregan su libertad salvaje (sin
leyes), y forman un Estado de pueblos (civitas gentium) que (
siempre, por supuesto, en aumento) abarcaría finalmente a todos
los pueblo de la tierra. Pero si por su idea del derecho de gentes
no quieren esta solución(...), el raudal de los instintos de
injusticia y enemistad sólo podrá ser detenido, en vez de por la
idea positiva de una república mundial, por el sucedáneo
negativo de una federación permanente y en continua expansión,
si bien con la amenaza constante de que aquellos instintos
estallen.” [3]
Jacques Maritain,
citando a Mortimer Adler, decía que “la única causa de guerra
es la anarquía”, es decir “la condición de aquellos que
tratan de vivir juntos, pero sin gobierno” y haciendo lo propio
con Stringfellow Barr, que expone los argumentos de Alexander
Hamilton en “El Federalista”, cuando expresaba: “que el
precio de la paz es la justicia, el precio de la justicia la ley,
el precio de la ley el gobierno, y el gobierno debe aplicar la ley
a hombres y mujeres, y no meramente a los gobiernos
subordinados”.
“Para Tomás de
Aquino, así como para Aristóteles, la autosuficiencia (no digo
total, sino autosuficiencia relativa) es la propiedad esencial de
la sociedad perfecta, que es a su vez la meta hacia la cual tiende
la evolución de las formas políticas humanas; y el primer bien
garantizado por una sociedad perfecta –un bien que se sustancia
con una vida y su unidad- es la paz interna y externa.”
“En el período
de transición, o sea en tanto que no se haya fundado un gobierno
mundial, merced al único proceso nomal y genuino con que se
engendran las sociedades políticas, o sea, mediante el ejercicio
de la libertad, la razón y la virtudes humanas.”
“(...)El
objetivo final se halla claramente determinado. Una vez que haya
nacido la sociedad perfecta requerida por nuestra época histórica,
o sea la sociedad política mundial, estará obligada en justicia
a respetar en la mayor medida posible las libertades –esenciales
para el bien común mundial de la vida política, moral y
cultural, que serán sus partes más valiosas; pero los estados
particularres tendrán que renunciar a su independencia
plena(...)y el estado mundial disfrutará(...)los poderes
requeridos por una sociedad perfecta: poder legislativo, ejecutivo
y judicial, con la fuerza coactiva necesaria para imponer la ley.
Quisiera añadir que la Constitución en la cual quizás definan
algún día los derechos y deberes, así como las estructuras
gubernamentales de tal estado mundial, serán unicamente el fruto
de los esfuerzos comunes, experiencias y duras pruebas porque habrá
pasado la historia presente y futura.”
“No sería
positivo(...)utilizar la concepción de un Gobierno Mundial como
arma contra las precarias y limitadas entidades internacionales
que, momentánemente, sólo existen como medios políticos a
disposición de los hombres para mantener una tregua entre las
naciones.”[4]
Juan XXIII, en la
“Pacem in terris”, declara “Y como hoy el bien común de
todos los pueblos plantea problemas que afectan a todas las
naciones, y como semejantes problemas solamente puede afrontarlos
una autoridad pública cuyo poder, estructura y medios sean
suficientemente amplios y cuyo radio de acción tenga un alcance
mundial, resulta, en consecuencia, que, por imposición del mismo
orden moral, es preciso constituir una autoridad pública
general.” (137)
“Esta autoridad
general, cuyo poder debe alcanzar vigencia en el mundo entero y
poseer medios idóneos para conducir al bien común universal, ha
de establecerse con el consentimiento de todas las naciones y no
imponerse por la fuerza. La razón de esta necesidad reside
en que, debiendo tal autoridad desempeñar eficazmente su función,
es menester que sea imparcial para todos, ajena por completo a los
partidismos y dirigida al bien común de todos los pueblos. Porque
si las grandes potencias impusieran por la fuerza esta autoridad
mundial, con razón sería de temer que sirvese al provecho de
unas cuantas o estuviese del lado de una nación determinada, y
por ello el valor y la eficacia de su actividad quedarían
comprometidos. Aunque las naciones presenten grandes diferencia
entre sí en su grado de desarrollo económico o en su potencia
militar, defienden, sin embargo,con singular energía la igualdad
jurídica y la dignidad de su propia manera de vida. Por esto, con
razón, los Estados o se resignan a obedecer a los poderes que se
les imponen por la fuerza, a cuya constitución no han
contribuido, o a los que no se han adherido libremente. “ (138)
“(...)Lo que la
autoridad pública mundial ha de tender principalmente a que los
derechos de la persona humana se reconozcan, se tengan en el
debido honor, se conserven incólumes y se aumenten en realidad.
(139)
“Además, así
como en cada Estado es preciso que las relaciones que median entre
la autoridad pública y los ciudadanos, las familias y los grupos
intermedios, se regulen y gobiernen por el principio de acción
subsidiaria, es justo que las relaciones entre la autoridad pública
mundial y las autoridades públicas de cada nación se regulen y
rijan por el mismo principio.” (140)
Arnold Toynbee
afirmaba: “Sostengo que los Estados locales deberían quedar
privados de su soberanía y subordinados a la soberanía de un
gobierno mundial. Aún en ese caso, los Estados locales continuarán
desempeñando un papel municipal útil y en realidad indispensable
como unidades de administración local, es decir, el papel que
desempeñan en un Estado federal los diferentes Estados que lo
constituyen.”[5]
Arturo Ponsati
decía “La necesidad de una sociedad política mundial proviene
de los efectos del impacto de la democracia y del industrialismo
–potencias históricas unificadoras- sobre las antiguas
instituciones del estado soberano parroquial y de la guerra, que
dio origen al nacionalismo político y económico y a un cambio
cualitativo en la índole de los conflictos bélicos.”
“El incremento
de la inrterdependencia económica y política, sin un clima
cultural y moral adecuado y sin una institucionalidad capaz de
enmarcar el fenómeno, no es cifra de unidad, sino de una mayor
pugnacidad, en razón de la exasperación de las necesidaedes
rivales y de los orgullos nacionales.”
“Solamente
por medio de la libertad y proponiéndose la obtención de la
libertad, podrán los pueblos adquirir la conciencia de la
necesidad de una sociedad política mundial, cobrar la volundad
necesaria para la conviviencia y soportar los sacrificios comunes
que la misma conllevará (por ejemplo, la reducción de los
niveles de vida de los países económicamente centrales en aras
de la justicia social internacional).”
“Una sociedad
política mundial no implica solo un gobierno mundial, sino el
nacimiento de un bien común global y de una amistad cívica a
escala universal.”[6]
DEMOCRACIA COSMOPOLITA
David Held dice
“Afirmo que la política democrática debe reformularse en los
niveles local, nacional, regional y global, dado que cada uno de
ellos es apropiado para diferentes conjuntos de cuestiones y
problemas públicos.Por tanto un orden político democrático debe
abarcar los diversos y distintos dominios de autoridad, vinculados
tanto vertical como horizontalmente, si ha de crear y servir a la
práctica democrática. La discusión se concentra en la idea de
un modelo cosmopolíta de democracia, y sus implicancias a corto y
largo plazo.”[7]
“El espacio
político para un modelo cosmopolita de democracia es un espacio
que es menester construir -lo están abriendo varios movimientos,
iniciativas institucionales y agencias transnacionales en busca de
una mayor coordinación y acountability de las fuerzas que
determinan el empleo de los recursos del planeta y que establecen
las reglas que gobiernan la vida pública internacional.(...)
Quienes buscan promover mayores grados de equidad en todo el
mundo, la resolución pacífica de las disputas y la
desmilitarización, la protección de los derechos humanos y las
libertades fundamentales, el desarrollo sostenible a través de
las generaciones, el reconocimiento mutuo de las culturas y las
identidades políticas y religiosas, y la estabilidad de las
instituciones públicas, están todos impulsando piezas esenciales
de una comunidad democrática cosmopolita.”
Los objetivos, a corto plazo, del modelo cosmopolíta de
democracia, para Held, son:
1.
Reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, para dar mayor
participación a los países en desarrollo.
2.
Creación de una segunda cámara en la ONU.
3.
Mayor regionalización política e implementación del referendum
transnacional.
4.
Comparecencia oligatoria ante el Tribunal Internacional . Creación
de un Tribunal Internacional de Derecho Humanos.
5.
Fundación de organismos de coordinación económica a nivel
regional y global.
6.
Creación de una fuerza militar internacional, responsable y
efectiva.
A
largo plazo propone:
1.
Una nueva Carta de Derecho y Obligaciones, que consolide el
derecho cosmopolita democrático, que regule tanto al poder político,
como al social y al económico.
2.
Un Parlamento global y un Tribunal de cuestiones fronterizas.
3.
Un sistema legal global (penal y civil) y creación de un Tribunal
Penal Internacional.
4.
Transferencia de la capacidad coercitiva del Estado nación a las
instituciones regionales y globales, con el objeto de
desmilitarizar y erradicar la guerra.[8]
Richard Falk en
“La globalización depredadora” sostiene que “es importante
reconsiderar algunos avances normativos trascendenrtales que han
tenido lugar en este siglo en el campo de la ley y de la moral,
que podrían, de aplicarse más en serio, contribuir enormemente a
una globalidad más justa de los pueblos del planeta. Tomadas en
su conjunto, estas nueve iniciativas normativas ofrecen “un plan
de acción” para la sociedad civil global para lograr el
objetivo de una globalidad comprometida a escala global.”[9]
Dichas
iniciativas son las siguientes:
1.
Renuncia a la fuerza en las relaciones internacionales:
Consecuentes con el Pacto de Paris de 1928 y la Carta de la ONU.
2.
Reconocimiento universal de los derechos humanos a partir de la
Declaración Universal dela ONU de 1948.
3.
Dar el carácter de Patrimonio común de la humanidad a los
recursos del lecho marino, que podría extenderse a las regiones
polares y a la potencial riqueza del espacio. También al
conocimiento y la información asociados con internet.
4.
La idea de desarrollo sustentable, especialmente referido al medio
ambiente y transferencia de recursos del norte al sur.
5.
Los bienes comunes globales como los referidos a los océanos, las
regiones polares, el agujero de la capa de ozono, el clima y la
biodiversidad.
6.
Las generaciones futuras.
7.
Rendir cuentas: el Estado de Derecho y la responsabilidad
personal.
8.
Reparación de agravios históricos, como el de la esclavitud, los
pueblos indígenas, los genocidios, etcétera.
9.
La democracia global.
REFLEXIONES
FINALES:
La anhelada
descentralización debe apuntar hacia abajo y en el interior de
las competencias de los estados nacionales, y hacia arriba de las
mismas, ya que no habrá orden global sin ley y autoridad, por eso
es válido, frente a este nuevo orden (o desorden) internacional,
replantearse algunas cuestiones que hacen a la gobernabilidad del
mundo, como son:
1.
El concepto de soberanía y las competencias de los estados
nacionales, de los organismos regionales, supranacionales e
internacionales y de los demás sujetos de la sociedad civil
globalizada.
2.
El alcance del liderasgo de los Estados Unidos y de las potencias
de mayor peso en el mundo.
3.
El papel que les cabe a los organismos internacionales y los demás
estados nacionales frente a la “guerra contra el terrorismo”,
las “guerras preventivas”, la ocupación de países -como es
hoy el caso de Irak- y los conflictos que se suceden dentro de los
estados -como lo es el que sostienen palestinos e israelitas-,
pero que perturban a la comunidad internacional y atentan
seriamente contra los derechos humanos.
4.
La globalización de la economía y las finanzas que hace
indispensable normas y órganos de regulación a nivel global que
faciliten el crecimiento y la mejor distribución de los recursos
y bienes entre las naciones y, dentro de estas, entre todos los
sectores sociales..
5.
El diferente grado de desarrollo económico que se observa entre
las naciones y el crecimiento de la pobreza y la indigencia en
grandes espacios del mundo que hacen necesario fijar políticas
tendiente a una mayor justicia social internacional.
6.
Garantizar mejor los derechos humanos y proteger el ambiente, para
lo que hay que crear y fortalecer la autoridad de los tribunales y
organismos internacionales que lo hagan posible.
Quizás
ha llegado el momento, también, de institucionalizar algunos
liderazgos que en el mundo contribuyen con la paz y hacer realidad
la sugerencia de Maritain de crear “un nuevo organismo superior,
privado de todo poder, pero dotado de una indiscutible autoridad
moral(...)una especie de consejo mundial cuyas funciones serían
exclusivamente éticas y de sabiduría política, el cual
estuviera integrado por las autoriades más altas y
experimentaedas en ciencias morales y jurídicas.” Que los
integrantes de este consejo, propuestos por las autoridades de los
estados, pero elegidos por los pueblos, y que una vez designados
perdieran su ciudadanías nacionales para recibir la ciudadanía
mundial, “serían unos hombres libres para decir a los gobiernos
y las naciones lo que en conciencia considerasen justo.”[10] y así crear las
condiciones para que alguna vez se establezca un gobierno mundial.
Esto
último, somos conciencnte, es hoy utópico, pero la experiencia
de la integración europea, del último medio siglo, que está por
culminar con el dictado su Constitución, nos alienta a pesar que
alguna vez el gobierno mundial pueda ser una realidad.
Córdoba, setiembre de 2003.
(*) Es profesor
de Derecho Constitucional de la Universidad Nacional de Córdoba y
de la Universidad Católica de Córdoba.
[9]
Página 248, Siglo veintiuno de España Editores, 2002.
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