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LAS PALABRAS EN EL JUEGO ELECTORAL
JORGE
HORACIO GENTILE (*)
“La
palabra es un sacramento de muy
delicada administración” José Ortega y Gasset
El costado lúdico de la política tiene su máxima
expresión en las campañas electorales, y las palabras, que son
el arma que los políticos empleamos para triunfar, no se usan sólo
para decir la verdad, sino para persuadir y convencer.
Este juego, que en la
democracia es incruento y sienta en la misma mesa cubierta del
paño verde también a los ciudadanos –a diferencia de las
autocracias-, es la raíz de la eterna desconfianza hacia los
políticos. Shakespeare en Hamlet ya le hacía decir al príncipe
de Dinamarca que contemplaba la calavera: “acaso sea la
mollera de un político, de un intrigante que pretendía engañar
al mismo Dios”.
Las palabras, que son
el nombre de las cosas, encontraron en los cuentos del capitán
Gulliver, cuando visitó la Academia de Lagado, un proyecto de
su abolición, que tuvo por inconveniente que para expresarse
los interlocutores tenía que cargar en sus espaldas y las de
sus criados las pesadas cosas, motivo de las conversaciones.
Pero la intención de los sabios de Lagado fue buena porque
pretendían ajustar los diálogos a los temas y evitar que los términos
oscuros, indeterminados o equívocos alteren el buen entender.
DIEZ
JUEGOS
En la comunicación política también las palabras
apuntan más a la persuación que a la objetividad y luego de un
año electoral es fácil recordar alguno de los juegos que los
políticos usaron en su lenguaje:
1.
El del escenario mediático: Las palabras son piezas que
se
juegan
en el tablero mediático, principalmente la televisión, que
sustituye la tribuna, la plaza pública e intenta hacerlo con el
debate parlamentario y crear una realidad distinta a la que
refleja. Hemos visto a los candidatos someterse al ridículo en
programas de mucho rating, que nada tienen de políticos, para
llegar a la gente y eludir el zapping.
2.
El de las encuestas: por las que se relevan los problemas
que
serán
temas de campaña, la intención de voto y la imagen de los
candidatos, y las mediciones favorables se usarán en los
discursos, donde se ocultarán o desdeñarán los perjudiciales.
3.
El de la promesa oportuna: de los sondeos se elabora una
propuesta,
que la gente desea y espera, como fue la rebaja de impuesto de
José Manuel de la Sota en Córdoba.
4.
El del espiral del silencio: juega con el miedo de la
gente a
contrariar
la opinión mayoritaria, al aislamiento, a “tirar el voto” y
produce una presión que genera polarización, el voto al mal
menor, en desmedro de candidatos minoritarios, y hace que muchos
teman decir por quién votaron.
5.
El de la selección de temas: para incorporarlos o no al
debate
electoral,
como fue la insistencia de Carlos Ruckauf con el del aborto
frente a la reticencia de Graciela Fernandez Meijide.
PALABRAS
MAGICAS
6.
El de las palabras mágicas: que resumen propuestas que
son
respuestas
a problemas, se repiten como latiguillos, y se legitiman por la
aceptación, como el “Somos más” de Fernando de la Rúa.
7.
El de los espacios políticos: que etiquetan y segmentan
políticas,
sensibilidades o subculturas, como izquierda o derecha en Chile,
o, en Uruguay, con: el Frente Amplio –ganador en primera
vuelta con Tabaré Vazquez-, Colorados y Blancos -que
dieron el triunfo de Jorge Batlle en el ballotage-.
8.
El de los principios antagónicos: que tensa dramáticamente
la
diferencias
entre “ellos” y “nosotros” y afirma la comunión e
identidad de estos, como la opción planteada entre:
“continuidad” y “cambio” por Joaquín Lavín en Chile.
9.
El de la creación del adversario: junto a la campaña
positiva
está
la de denostar al oponente, que puede ser una persona, un
partido o un sector social, como lo fue el “menemismo”, a
partir del discurso de Carlos “Chacho” Alvarez, o el régimen
político de la Constitución de 1961, para Hugo Chaves en
Venezuela.
10.
El de los protagonistas: en la
era de la televisión el
mensajero
se impone al mensaje, es el contexto de sus argumentos, su
credibilidad y carisma son sus armas principales. Esto se vio en
los dispares resultados electorales nacionales, provinciales y
municipales argentinos, donde los candidatos influyeron más que
los partidos o alianzas para ello.
Estas
argucias y otras, que Javier del Rey Morató desarrolla en
“Los juegos de los políticos” (Tecnos 1997), son las que
estos usaron y usarán para convencer a los ciudadanos, que a su
vez deben conocerlas para defenderse de las manipulaciones y
mejorar su participación democrática.
Córdoba, diciembre de 1999.
(*)
Es profesor de derecho constitucional de las universidades
Nacional y Católica de Córdoba y fue diputado de la Nación.
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