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REPRESENTACIÓN,
PARTIDOS Y REFORMA POLÍTICA
Jorge
Horacio Gentile (*)
La reforma política que reclama hoy la Argentina
implica cambios legislativos y fortalecer la ética de la responsabilidades
de los políticos y los ciudadanos. Hay que partir de las
necesidades de la sociedad
política y su relación con el bien
común, y diferenciarla de las necesidades de eficiencia
del funcionamiento del mercado,
que no siempre concuerdan. Ello supone definir fines, adecuar medios,
generalmente a través de modificaciones constitucionales o
legales, y cambiar actitudes
de los dirigentes y la ciudadanía frente a lo político. Siempre
habrá que tener en cuenta la ejemplaridad
que caracteriza la actividad política dentro del sistema democrático
constitucional. La educación política es indispensable para dar sustento y
proyectar al futuro estos cambios.
La
crisis de la representación política y de los partidos se mostró
en gran relieve en las elecciones de octubre del 2001, con el
“voto bronca” y en los acontecimientos que se sucedieron a
partir de diciembre de ese año y en las últimas elecciones
presidenciales, que no tuvieron el protagonismo de los partidos
políticos -especialmente los dos más importantes que tuvo el país
desde mediado del siglo XX, el PJ y la UCR- que se
desarticularon, sin que hasta hoy se hayan reconstituidos o
en su reemplazo se hayan creado otros, que cumplan con la
insustituible función de mediar entre la sociedad y el estado, de
renovar los liderazgos, hacer efectiva la representación política,
y de ser escuelas de la democracia.
El
desprecio por los partidos políticos viene dela historia y los
políticos han sido los primeros en denostarlos. La absurda idea
“movimientista”, que
confundía a los partidos con la Nación, sustentada por Hipólito
Yrigoyen y por Juan Domingo Perón, y de la que se hizo eco también
Raúl Alfonsín, cuando habló del “tercer
movimiento histórico”, fue perniciosa para el
desarrollo de los partidos, por confundir la parte con el todo y
por la idea hegemónica que la sustentaba, contraria al sano y
competitivo pluralismo democrático.
Juan
José Sebreli dice que “(...)tanto
en Alfonsín como en Menem subsistían las reminiscencias del
pasado; en su fuero interno y en la mejor tradición de la vieja
política personalista, los dos desdeñaban a sus respectivos
partidos y tendían a gobernar prescindiendo de estos. Ambos los
dejaron relegados y abandonados a sus internas feroces y
contradicciones insolubles, a las que ellos contribuían con su
propio personalismo. Alfonsín se rodeó de los jóvenes de la
Junta Coordinadora, resistidos por los miembros más antiguos del
partido, y Menem de una corte variopinta y obsecuente, `el entorno
menemista’.” Ambos negociaron y firmaron el pacto de Olivos (1993),
gestionado por sus respectivos “operadores”
(otra lacra de los partidos): Enrique “Coti” Nosiglia y Luis
Barrionuevo.
Hoy
los grandes partidos históricos se han fracmentado y los restos
de sus aparatos se nuclean alrededor de liderazgos provinciales o
municipales, alguno de los cuales -como el PJ de la provincia de
Buenos Aires- mantienen su poderío, por lo menos como empresa
electoral “clienteril”, y los nuevos partidos carecen de
estructura territorial, de cuadros dirigentes y de propuestas
dasarrolladas por equipos técnicos.
El
“peronismo” aparece como
una gran pantalla donde se esconden grandes discrepancias, que van
desde una izquierda “setentista” hasta una derecha “menemista”, y donde
pretenden alojarse liderazgos de perfiles contradictorios como los
de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, de fuerte vigencia actual,
y los hoy decadentes de Carlos Menem y Adolfo Rodriguez Saá. Sus
fronteras son difusas, el estar o ir a elecciones por dentro o por
fuera, el repartirse en lemas y sublemas, en alianzas o sumatorias
de votos, o el practicar el juego de la “transversalidad”
deja siempre la sensación de que se pretende instalar un
poder “hegemónico” que desborda cualquier esquema racional de
partido o sistema de partido al servicio de la democracia.
Sin
partidos políticos no hay democracia constitucional ni
posibilidades de absorver a los nuevos liderazgos que la sociedad
produce, como quedó demostrado después de los actos de diciembre
del 2001, donde la participación popular no siempre encontró los
canales adecuado de los partidos para insertarse en la lucha
democrática por el poder.
PROPÓSITOS
La
definición de los fines y propósitos de esta reforma pasa por
los siguientes postulados:
1.
Poner la política al servicio
del bien común y no de los políticos, de los partidos,
de las corporaciones y demás actores sociales.
2.
Mejorar la calidad de la representación
política.
3.
Aumentar y mejorar las participación
ciudadana.
4.
Irrestricto cumplimiento de la Constitución y la ley por parte de
gobernantes y
ciudadanos.
5.
Hacer más transparente la política.
6.
Establecer y hacer cumplir las reglas de ética en el gobierno y la
administración pública.
7.
Revisar la educación y capacitación política de ciudadanos y dirigentes.
8.
Mejorar la información y difusión pública de los actos de gobierno.
9.
Fortalecer a los partidos
políticos especialmente en lo que hace a su democracia
interna, a la capacitación de sus dirigentes y a la difusión de
su ideario.
10.
Buscar a través de procedimientos adecuados la idoneidad de quienes ejercen
cargos en el gobierno y la administración pública.
11.
Mejorar la comunicación entre instituciones, políticos y ciudadanos,
promover el debate de ideas y poner límites a la propaganda y al
marketing político.
12.
Modernizar
y hacer más eficientes
las instituciones políticas.
13.
Incorporar nuevas tecnologías
al funcionamiento de las instituciones y al ejercicio de la política.
14.
Bajar el costo de la política.
15.
Desjudicializar
la actividad política.
16.
Mejorar las relaciones entre la política y el “tercer sector”
(sociedades intermedias y ONGs).
17.
Compatibilizar lo político con los derechos
del ciudadano.
18.
Reubicar la política en el marco de la globalización.
LAS REFORMAS
1.
INSTITUCIONALES:
Las
instituciones deben servir para que hacer más participativa a la
democracia,
transparente
la representación política, erradicar la corrupción, facilitar
el debate, el consenso y hacer posible el diseño de políticas
de estado, que acoten el disenso político, para lo cual
hay que:
1.1
Revisar el número de legisladores
(v. gr.: el mínimo de cinco
por provincia en la Cámara de Diputados de la Nación).
1.2
Dejar sin efecto el piso del tres
por ciento (3%) para que una lista de candidatos pueda
acceder al reparto del sistema proporcional para ingresar a la Cámara
de Diputados dela Nación.
1.3
Revisar la
organización de ministerios
y organismos políticos
y administrativos del Estado y fusionar los que cumplen iguales i
similares funciones (v. gr.: Ver si no es conveniente la
fusión de la Auditoría y Sindicatura General de la Nación).
1.4
Poner límites a las reelecciones
en órganos ejecutivos y legislativos.
1.5
Dictar códigos y crear comisiones de ética
en los órganos legislativos.
1.6
Revisar y mejorar el funcionamiento y procedimiento de los órganos
legislativos.
1.7
Reducir el número de comisiones
en el Congreso de la Nación, como ya hizo el Senado.
1.8
Difundir mejor a través
de los medios de comunicación la labor
del Congreso.
1.9
Reducir la estructura de apoyo
administrativo de los legisladores y establecer el
concurso para el ingreso a cargos permanentes del Congreso.
1.10
Limitar y regular la asignación de subsidios,
pensiones y ayuda social que disponen los legisladores,
candidatos y partidos políticos.
1.11
Hacer unicameral
algunas legislaturas
provinciales (como ocurrió en Córdoba
en la reforma constitucional de 2001).
2.
ELECTORALES:
Para
llevar a cabo estas reformas sería importante unificar pautas
legisladas, actualmente reguladas en forma distinta a nivel
nacional, provincial y municipal, para lo cual sería importante
promover la sanción de leyes convenio que procuren unificar los
requisitos, exigencias y controles sobre los partidos políticos, las
campañas electorales y los
padrones electorales. Las pautas serían las siguientes:
2.1
Facilitar
las iniciativas y la consulta popular,
para lo que hay que fexibilizar los requisitos exigidos hoy por
las leyes reglamentarias nacionales.
2.2
Abolir
las listas sábanas, para
personalizar más la representación, y evitar el monopolio de los
partidos en la conformación de la listas de candidatos.
2.3
Establecer el voto de preferencia.
2.4
Abolir el sistema electoral de “ley
de lemas” que existe en algunas provincias por confundir
al elector.
2.5
Separar
las elecciones nacionales, provinciales y municipales.
2.6
Suprimir las sanciones por no ir a votar,
ya votar es una obligación moral pero el que no quiere
hacerlo puede “votar” en blanco, que es igual a no votar.
2.7
Unificar el padrón masculino y femenino
y hacer un padrón nacional electoral único
dividido en distritos (actualmente los padrones son de los
distritos electorales).
2.8
Regular
el voto de los privados
de su libertad física o ambulatoria, no condenados, y de
los
sordomudos que no se dan a entender por escritos.
2.9
Facilitar
y evitar de hacer oneroso la obtención de documentos de identidad y los cambios de domicilio.
2.10
Establecer la cédula única para emitir
el voto.
2.11
Implantar el voto electrónico.
2.12
Permitir el voto por correo para
ausentes y discapacitados.
2.14
Permitir que se vote en cualquier centro de votación y no
en un lugar y mesa determinada.
2.15
Estimular
las elecciones
internas abiertas.
2.16
Limitar el tiempo de las campañas
electorales.
2.16
Hacer cumplir y mejorar la reglamentación del uso y
publicación de encuestas
y sondeos de opinión, especialmente el día de la elección.
2.17
Replantear el cupo femenino como acción
afirmativa, transitoria, reducida a las candidatura, y no a los
cargos electivos, y evitar el nepotismo.
2.18
Facilitar
a los candidatos difundir sus propuestas y hacer debates en
la campaña electoral en los espacios que oficialmente se
provean en la televisión y en la radio.
2.19
Evitar confundir a los votantes con las palabras
e imágenes que se ponen en las boletas
o cédulas electorales.
2.20
Prohibir las rifas o tómbolas a favor
de quienes votan por determinado candidato (como ocurrió en la
elección municipal de El Colorado, Formosa).
2.21
Prohibir la entrega o promesa de asistencia
social por parte de los candidatos a quienes son sus
votantes.
2.22
Prohibir la propaganda gubernamental
durante las campañas electorales.
2.23
Hacer más rigurosos los límites y controles
en el financiamiento de las campañas políticas y los
partidos, y establecer controles eficientes e imparciales (ley
25.600).
2.24
Desregular el funcionamiento institucional de los partidos políticos en lo referente al padrón de afiliados y
asistir a los mismos para el mejor funcionamiento de su democracia
interna y la educación política.
2.25
Revisar la regulación legal de las alianzas
electorales y establecerla para las sumatorias de votos y las coaliciones
entre partidos políticos.
3.
DE
LA EDUCACIÓN POLÍTICA:
Un balance de los
últimos veinte años de vida democrática nos indica que el mayor
fracaso lo encontramos en la educación política. Ningún régimen
político es viable sin que se eduque a quienes mandan y a quienes
obedecen. En la democracia constitucional esto es esencial por la
complejidad de las responsabilidades y funciones que deben asumir
tanto los ciudadanos como los mandatarios.
En
el Siglo XX en la escuela secundaria hubo distintas etapas,
signadas por el nombre de las materia dedicadas a la educación
política. Primero fue Instrucción Cívica, durante el peronismo se cabió
por Cultura Ciudadana, con la “revolución libertadora” se la
denominó Educación Democrática. Más tarde se la llamaría:
Nociones de Derecho, Formación Cívica y Ciudadana y hoy, en el Cíclo
Básico Unificado, se la denomina Educación Cívica.
En
las universidades también hubo cambio de nombres y contenidos a
lo que se denomina Derecho Político, que nos viene de España; o
Ciencia Política, que proviene de Estados Unidos; o Teoría del
Estado, expresión que suena a “estatista” o autoritaria. La
facultades de ciencias políticas que había y hay en algunas
universidades no fueron respuesta a esta necesidad. Sin embargo,
después de 1983 el Derecho Constitucional cobró gran dimensión,
especialmente después de la reforma constitucional de 1994, y su
enseñanza se ha extendió a otras materias, nacidas de su propio
contenido, como el Derecho Público Provincial y Municipal, el
Procesal Constitucional, el Parlamentario y el de los Derechos
Humanos.
Los partidos políticos intentaron, también, este cometido
con poco éxito, valiéndose, en muchos casos, de fundaciones
creadas a ese efecto. En esta dirección encaminaron sus
esfuerzos, también, algunas instituciones apartidarias del tercer
sector, como Conciencia, y las filiales de las fundaciones
alemanas Konrad Adenauer (demócrata cristiana), Friedrich Ebert
(socialista) y Friedrich Neuman (liberal), para poner sólo
algunos ejemplos.
En
la reforma de 1994 se incorporó en el artículo 38 de la
Constitución el reconocimiento de los partidos políticos a los
que “El
Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y
de la capacitación de sus dirigentes.” La ley orgánica
de los partidos políticos creó un Fondo Partidario Permanente
por el que el Estado contribuye con las finanzas de los mismos,
pero nunca se asignaron fondos específicamente para la capacitación
de dirigentes, ni para nada que tenga que ver con la educación
política. El INCAP, dependencia del Ministerio del Interior, ha
implementado cursos y programas de educación política con escasa
trascedencia, después de la reforma constitucional de 1994.
La
Constitución de Córdoba de 1987 estableció como principio y
lineamiento de política educativa: “Incorporar
obligatoriamente en todos los niveles educativos, el estudio de
esta Constitución, sus normas, espíritu e institutos.”
(art. 62 inc. 10)
En
la democracia es necesario educar al soberano, que es el pueblo, y
al ciudadano, que lo integra, para que ejerza sus derecho y
obligaciones cívicas, como simple votante, como afiliado o
militante de algún partido político, como partícipe solidario
de la vida ciudadana, como funcionario elegido por el pueblo o
designado para ejercer una función pública.
El
contenido de esto debe abarcar el conocimiento de la historia y de
la sociedad donde se desenvuelve, de su constitución y de los
valores e instituciones que la misma expresa.
Pero
para que estos contenidos se incorporen a las vivencias de los
educandos y modifiquen sus aptitudes, recordemos que no estamos
hablando sólo de instrucción sino también de educación y
formación política, es
necesario que abarquen tanto la política agonal, o sea la lucha
por el poder, como la arquitectónica, o sea la constructiva o
constructora, y que no se limite a aspectos puramente
instrumentales como puede ser el marketing o la sociología
electoral, que son la moda del momento.
La
pedagogía a emplear deberá combinar la formación teórica con
la práctica, ya que la política es ciencia, arte y virtud del
bien común.
En
este propósito hay que comprometer a los partidos políticos, al
sistema educativo, a las instituciones políticas del Estado, a
las organizaciones no gubernamentales y los medios de comunicación.
Como
conclusión podemos afirmar que tan importante y urgente como
hacer cambios en la economía es hacer la reforma
política, para lo cual no es necesario -por ahora- una
reforma constitucional, pero esta no debe hacerse en base a soluciones simplistas y mágicas, sino que debe ser el resultado
de un debate donde prevalezca la sensatez,
el estudio y, si es posible,
que concluya con el consenso.
Córdoba,
Octubre de 2003.
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