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UNA
CORTE “TRANSVERSAL”
JORGE
HORACIO GENTILE (*)
Cuando
el 8 de octubre de 2003 La Nacion puso en boca del senador José
Luis Gioja aquello de que a “A Moliné lo tenemos que suspender
ahora porque fue el turro que nos tuvo agarrado de las bolas con
el corralito durante el gobierno de Duhalde (Eduardo)”, me
pareció que en ese momento comenzaba el juicio político que se
ventila en el Congreso, pero cuando a los pocos días dicho
legislador desmintió la versión pensé que el juicio había
terminado.
El juez de la Corte Suprema de Justicia Eduardo Moliné O’Connor
fue suspendido, con el voto de 40 senadores contra 18, fundados en
el inconstitucional artículo 4 del Reglamento de Juicio Político
del Senado, ya que la Ley Fundamental no prevee esta suspensión.
El motivo por el que el presidente Néstor Kirchner y su ministro
de justicia Gustavo Beliz declararon la guerra a los integrantes
de la Corte Suprema y se puso en marcha este juicio político fue
el anuncio de que se iba a dictar el fallo en el caso “Lema”,
sobre el “corralito”, como lo había sido el fallo del
ahorrista “Smith”, el que provocó el anterior y fracasado
juicio a todos los integrantes de la Corte, durante en el gobierno
de Duhalde.
El juicio político es como dijo Summer “un procedimiento
político, con propósitos políticos, que está fundado en culpas
políticas, cuya consideración incumbe a un cuerpo político y
subordinado a un juzgamiento político tan solo”, pero en este
caso se ha traído al Senado una acusación que no es política y
que pretende convertir a este Cuerpo en una instancia judicial
superior a la Corte, para revisar las causas “Meller”, Macri”
y “Magariño”, donde no hubo “delitos” ni “crímenes
comunes”, y el supuesto “mal desempeño”, consistiría en
los criterios judiciales que Moliné compartió con otros
ministros de la Corte -que inexplicablemente no están sentados
hoy en el banquillo de los acusados- y que confirmaron decisiones
tomadas por otros jueces inferiores.
En el caso “Macri” 16 jueces, junto a Moliné, fallaron que no
hubo contrabando; en “Meller” la mayoría de la Corte rechazó
un recurso contra una decisión arbitral, en base a una
jurisprudencia reiterada desde 1957, y en “Magariños” se
trató de interpretaciones dispares de la Corte y el Consejo de la
Magistratura respecto de quién era competente para aplicar una
multa de menos de $2000 a un juez inferior. El Congreso aseguró
“las garantía de la independencia de los jueces en materia del
contenido de sus sentencias” (art. 14 Ley 24.937), cuando
atribuyó al Consejo de la Magistratura facultades disciplinarias
sobre los magistrados, y este criterio no puede variarlo ahora.
Los argentinos esperaban después de los discursos del presidente
de la Nación y su ministro de justicia que íbamos a tener un
juicio político en donde se enjuiciaría a la tan mentada “mayoría
automática” de la Corte, que se gestó con el aumento de 5 a 9
de sus miembros en 1a era “menemista”, y que cambió a dos de
sus integrantes con el Pacto de Olivos -entre Carlos Menem y Raúl
Alfonsín-, que se iba a discutir los motivos del desprestigio de
los integrantes del Alto tribunal y que con ello se iba a “oxigenar”
a la Justicia. Nada de ello es lo que se discute hoy en el Senado.
Cuando fui testigo en el juicio público al ministro Moliné
recordé que sería lamentable que vuelva a pasar lo que ocurrió
en 1947, al inicio de la primera presidencia de Juan Domingo
Perón, cuando se destituyeron a tres jueces de la Corte –Antonio
Sagarna, Benito Nazar Anchorena y Francisco Ramos Mejía-, y se
provocó la renuncia de otro –Roberto Repetto-, con el pretexto
de que habían declarado inconstitucionales a varias decisiones
del gobierno militar surgido del golpe de estado de 1943 al que
habían reconocido por una acordada, para designar una Corte “peronista”.
Hoy los nietos de esa generación sabemos que se los destituyó
por el mezquino propósito de tener una Corte “adicta”, y no
las acusaciones por lo que se fueron condenados, y esta es la
razón por la que la historia los ha absuelto a los jueces
removidos.
El Senado, si Moliné es destituido por haber firmado estos tres
fallos de la Corte, hará pensar a nuestros nietos que no fue por
“mal desempeño” sino para crear las vacantes necesarias para
hacer una Corte “transversal”, acorde con la ideología del
gobierno de turno. No es esto lo que prometió, en el discurso
inaugural de su gobierno, el presidente Kirchner cuando prometió
respetar las instituciones.
Córdoba,
noviembre de2003.
Juicio Político de Moliné O' Connor
(MS Word)
8 - Infobae - 10 de
noviembre de 2003
El
testigo Jorge Gentile recusó las razones del juicio político
"Los
cargos contra Moliné no justifican la destitución"
El
constitucionalista consideró que Ricardo Falú "eligió
mal" las razones para acusarlo. Existen otras causales
que sí lo podrían justificar, aseguró, de ser probadas
El único testigo
pedido por la defensa del ministro de la Corte Suprema Eduardo
Moliné O’Connor que pudo declarar verbalmente en el marco del
juicio político que lleva adelante el Senado, aseguró
que "jurídicamente" no existen razones para su
destitución. "Se ha traído al Senado una acusación que no
es política y que pretende convertir a este cuerpo en una
instancia judicial superior a la Corte", según
consideró el abogado, ex diputado de la democracia cristiana y
profesor universitario en Córdoba, Jorge Gentile.
El letrado consideró,
en cambio, que si la acusación se hubiera basado en hechos que
demostraran la existencia de una "mayoría automática"
adicta al gobierno de Carlos Menem, como pregona el Gobierno y sus
propios acusadores, "sí hubieran existido razones que podrían
justificar este proceso".
Las causales por
las que se acusó formalmente a Moliné
de supuesto "mal desempeño" están lejos de las razones
que pusieron en marcha el nuevo proceso de juicio político -
después del fallido intento durante el gobierno de Eduardo
Duhalde -, y que antes de él también apuntó contra Julio
Nazareno y luego contra Guillermo López y Adolfo Vázquez, explicó
el letrado cordobés.
Gentile aseguró
que en las causas "Macri", "Meller" y
"Magariños" - que son las que fundamentan las
acusaciones que elevó Diputados - no
hubo "delitos" ni "crímenes comunes" y, por
el contrario, se refieren a criterios judiciales que el acusado
compartió con otros ministros de la Corte.
En ese sentido, aseguró
que Moliné debería ser absuelto y retornado a sus funciones en
el máximo tribunal, en el cual está actualmente
suspendido. Sin embargo, tal como lo hizo ante los senadores,
admitió que sí existen otras causales que por el contrario, sí
hubieran justificado una acusación "más seria".
Los fallos por los
que se lo acusa "confirmaron decisiones tomadas por otros
jueces inferiores" ,
agregó Gentile, luego de criticar a la Comisión de Juicio Político
de Diputados, encabezada por el tucumano Ricardo Falú.
"Este
doble discurso de querer terminar con la Corte menemista acusándola
de causales que nada tienen que ver con eso, es algo totalmente
irregular. No es un juicio político en el sentido propio que lo
establece la Constitución", consideró.
Corte adicta II
Si Moliné es
destituido por haber firmado estos tres fallos de la Corte, graficó
Gentile, "hará pensar a nuestros
nietos que no fue por mal desempeño sino para crear las vacantes
necesarias para hacer una nueva "Corte transversal",
acorde con la ideología del gobierno de turno.
En ese sentido,
Gentile advirtió sobre el peligro de una nueva "Corte
adicta", que es un vicio que han tenido "todos los
gobiernos en la Argentina, contrariando el espíritu de la
Constitución y sus instituciones".
"Creíamos
que se iban a discutir los motivos del desprestigio del alto
tribunal y que se iba a oxigenar a la Justicia, pero nada de eso
es lo que se discute hoy en el Senado", concluye.
Carlos Sueldo
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